A través de la pupila asombrada , hemos denunciado la sistemática campaña de demolición a la que el pedagogismo contemporáneo somete a la memoria. En el relato oficial de la innovación educativa, memorizar se reduce caricaturescamente a un ejercicio mecánico y obsoleto, equiparable a retener una lista de la compra o almacenar datos inertes en un cajón polvoriento que hoy, según nos dicen, Google puede resolver con un solo clic. Esta simplificación malintencionada ignora por completo la naturaleza ontológica de la memoria escolar. Cuando un estudiante memoriza un sistema complejo —ya sea la tabla periódica de los elementos, la cartografía de un continente o una red de conceptos matemáticos y algebraicos— no está acumulando elementos aislados. Está realizando un acto de profunda arquitectura mental: está interiorizando un territorio, unos usos, unos sentidos y unos contextos . La falacia del almacenamiento inerte El error fundamental del constructivismo ingenuo es concebir la mente...
Elogio de la Mediación. Entre el Saber y el Sujeto