En definitiva, desarticular el espejismo del ABP y su hiperactividad metodológica nos conduce inexorablemente a la pregunta fundamental de la didáctica: ¿cuál es el papel del profesor? El pedagogismo contemporáneo, en su ansia malentendida por emancipar al alumno, ha decretado la obsolescencia del docente como transmisor del saber. Se le exige abdicar de su autoridad intelectual para asumir el rol subalterno de "facilitador" o animador de dinámicas grupales; un guía periférico que asiste, casi como un espectador pasivo, al supuesto autodescubrimiento del estudiante. Sin embargo, huir de la caricatura del autoritarismo de la vieja escuela no puede justificar la desaparición del educador. El lugar exacto del maestro frente a la disciplina no es ocupar un altar dictatorial desde el que se impone un monólogo sin sentido, pero mucho menos lo es difuminarse entre las mesas del trabajo por proyectos. Su verdadera posición, aquella que sostiene el acto de enseñar, es estar en medio,...
Elogio de la Mediación. Entre el Saber y el Sujeto