El modelo AERO: «Yo lo hago, nosotros lo hacemos, tú lo haces»
Para quienes llevamos años observando la deriva del pedagogismo y la superficialidad constructivista, mirar hacia Australia resulta un ejercicio de higiene mental. Allí, la organización AERO (Australian Education Research Organisation), cuya web oficial es
Este enfoque encaja a la perfección con la Teoría de la Carga Cognitiva de John Sweller y resulta especialmente crítico en la didáctica de las matemáticas. En nuestra disciplina, abandonar al alumno al mero "descubrimiento" de un algoritmo abstracto o una demostración geométrica no es innovación, es negligencia. El modelo AERO devuelve la figura del profesor a su lugar natural: estar en medio, que no en el centro, actuando como mediador indispensable entre el alumno y el rigor del conocimiento objetivo.
Yo lo hago: El modelado experto La secuencia arranca con la instrucción explícita. El docente asume su autoridad epistémica frente a la pizarra. Expone, desglosa y resuelve paso a paso el problema o el teorema, gestionando la memoria de trabajo del alumno a través del inmenso valor del ejemplo resuelto ("worked-example effect"). No hay gamificación trivial, sino transmisión directa de la estructura lógica.
Nosotros lo hacemos: La práctica guiada El paso hacia la autonomía requiere andamiaje. En esta fase, el conocimiento se moldea de forma conjunta. El profesor guía la resolución de las ecuaciones o problemas, lanza preguntas precisas, supervisa y corrige los errores en su origen para asegurar que los esquemas mentales matemáticos se construyen sin fisuras ni falsas concepciones.
Tú lo haces: La práctica independiente Solo cuando los cimientos lógicos están sólidamente afianzados se exige el trabajo en solitario. El alumno se enfrenta al problema para lograr la automatización. En matemáticas, la práctica estructurada consolida los procedimientos en la memoria a largo plazo, liberando un valioso espacio en la memoria de trabajo para poder acometer operaciones y abstracciones cada vez más complejas.
Frente a la hiper-individualización terapéutica de las aulas contemporáneas y la falacia de que el profesor es un mero "facilitador", el modelo AERO demuestra que la exigencia, la estructuración y la instrucción explícita siguen siendo la forma más honesta y respetuosa de enseñar.
